Qué es Orientalore Etxea


Un primer consejo. Mis palabras se contextualizan en orientalore.blogspot.com. Te invito a que antes de leer ésto que escribo pasees, huelas, toques, mires, escuches, saborees... en definitiva, personalísimamente sientas Orientalore (Orientaflor).

Orientalore Etxea (Las Casa de Orientaflor) es un Centro psicopedagógico de atención a la infancia y juventud que persigue la meta de reducir en su origen el fracaso escolar y colaborar en el crecimiento de niños y niñas con edades comprendidas entre los 4 y 9 años pero hoy en día las edades siguen ampliándose llegando hasta secundaria y adultos.

Orientalore Etxea lleva a cabo, como el resto de centros de diagnóstico e intervención, los mismos servicios y tareas que pueden realizar otro tipo de centros dedicados a este campo de la Educación; pero, sin duda y como voy a ir relatando, de una manera singular y diferente a lo que hasta ahora ha venido acostumbrándonos el mercado.

Orientalore Etxea es pura plasticidad. Atiende al niño o niña, a sus padres, a sus abuelos, a sus hermanos, a su tutor, orientador, director de centro. Le atiende en casa, en la ikastola, en el propio centro en sus múltiples formas. Está con él o ella en el día a día, en festivos. Pueden que forme parte su historia de una ONG y allí Orientalore también le sale al encuentro. Seguramente viva en la ciudad pero si está en un pueblo Orientalore le crea un espacio y se adapta a sus características. La acción de Orientalore, su modo de entender los espacios y la colaboración posibilita esa plasticidad de contextos y más que los niños vengan al centro, es Orientalore quien se muda y “metaevoluciona” para llegarles y serles significativa.

Pretende cosas muy sencillas pero vitales para que los niños avancen y no se pierdan. Por que existe una isla, como aquella de Peter Pan, donde van los “niños perdidos”. En esta web está mi recorrido. Mis decisiones, las que nos convierten en lo que somos. 43 años de ver mucho. Aprender por cada esquina. Cada profesional, cada lugar, cada proyecto, calles, barrios, tiendas, parques... Y las miradas de niños perdidos, tan distintos y con muy iguales miradas, han sido mi aprendizaje. Esos niños que conocemos y sabemos de su historia. Podemos hasta ponerlos nombre. Un día llegaron y se ilusionaron con todo, cargados como venían de deseos de recibir tanto, confiados y pequeños.

Sin culpa exclusiva de nadie, muy seguro empeño tras empeño el de muchos y la acción desenfocada de otros, ellos y ellas de creer que podían, estos pequeños, chocando con lo adulto, pasaron a olvidarlo todo. Todo éxito, toda posibilidad, toda brillo por lo nuevo. Decidieron crear una isla, donde la memoria se pierde y se hace poco ruido. Ya con 4 o 5 años pueden tomar esa decisión. En primero se va apagando y en segundo, aunque sonríen, han perdido tanto por el camino que, en ese vacío de aprendizajes, los padres puede que despierten, venzan imágenes y miedos, y se decidan a conocerlo, irle a buscar. Como nunca se llega tarde a la vida de nadie, lo encuentran. Llegamos a tiempo, cuando decidimos que queremos aprender de ellos, nos dejan una lección pendiente a nuestra elección y si la elejimos, el cambio es posible.

Como todo centro, esas cosas sencillas de realizar con el lenguaje actual es un buen diagnóstico, plantear una intervención, establecer una coordinación y un seguimiento. Pero diciendo ésto nos quedamos en los huesos de toda la Energía que mueve Orientalore.
Orientalore sitúa esta secuencia de avance en un ambiente que recogerá la cercanía y calidez de la casa, lo que para los niños es la experiencia de su hogar. En todo el proceso la naturaleza va a envolverle desde el Mundo Imaginario de Orientalore como otros muchos niños de diferentes pueblos y épocas han crecido y se han hecho adultos enraizados en esa sabiduría. Y vamos a buscar entre todos, desde lo grande y lo pequeño, desde el trazo grueso de la vida y el detalle, desde la opinión del experto y la intución temblorosa de una madre, vamos a buscar el aprendizaje continuo y recíproco hasta hacernos, conciéndonos y aceptándonos de verdad, capaces y competentes, para la vida y sus retos.

LOS ORÍGENES DE “ORIENTALORE”

Ese Mundo de Orientalore basado en 30 animales que ayudan a los niños en su proceso, que les hace protagonistas de sus pasos y les regala un lenguaje válido y rico para hablar y ser tenido en cuenta, nace en un pueblo y en la historia de una niña que fui yo y que, cuidándola bien y como se merece, me empeño en seguir siéndolo.

Todos tenemos un lugar en la infancia. Unos paseos que recorremos una y otra vez llenos de magia y encuentro. Paisajes, sonidos, sensaciones que nos llenan de la presencia de personas que nos quisieron, nos enseñaron lo que sabían y a su lado comenzamos a conocer el mundo, nuestro mundo, como algo maravilloso y único, como lo hace cualquiera de nuestros hijos, cualquier niño o niña a lo largo y ancho del mundo.

Todos tenemos estos rincones. Yo los tengo. Los recorro nada más empezar la mañana y me hacen sentir especial, viva, diferente, muy querida.

El origen remoto de la Mandala de nuestro centro (y digo nuestro por que pertenece a padres, niños y a quienes se van acercando) es este recuerdo, son estas experiencias. Está en las palabras y gestos de mis abuelos, en su sabiduría, en un pequeño pueblo de Álava que es Rivabellosa. Yo fui niña de pueblo. Las vacaciones y fines de semana tuve la suerte de pasarlas allí como seguro muchos y muchas de los que me estáis leyendo.

El personaje y la figura de Orientalore que está hoy ayudando a niños y sus familias abrió los ojos desde mis ojos, desde una niña muy pequeña que aprendía de los cuentos, poesías y fábulas de su aitite (abuelo) , de la huerta, de los paseos por el campo con una rica merienda en la mochila, de los flanes al horno de leña de mi amama (abuela), de las fotos antiguas y cajas de recuerdos, de las tormentas, de la crema nivea y las ropas de campo.

También como en cualquier niño, todo me iba calando. Todo iba entrando por la puerta ancha y abierta de la infancia y también como en cualquier historia de vida que va creciendo y siendo desde esas primeras experiencias, todo iba conformando la mujer que soy y la profesional en la que me he convertido.

Orientalore ya era la lluvia y el agua de goteras que servía para cocinar y lavarse la cara. Eran los campos y las flores, los árboles nombrados uno a uno, los pájaros y saber identificar su canto incomparable. Los animales, las plantas, el río, los caminos, las piedras, los campos de trigo y las cosechas, las frutas,el sol, el barro, las estrellas,... Recuerdos y presencias profundas y sencillas que llegan hasta mi y forman cada uno de los pétalos de este bueno y bonito personaje infantil que he inventado y que os iré presentando en estas páginas.

Unida a estas vivencias infantiles, años después cayó en mis manos una enciclopedia de libros que van a ir completando y dando más contenido a Orientalore. Mi aita (padre), artista desde que nací y rodeada de cuadros, música y esculturas, como cualquier padre que quiere premiar a su hijo/a, me los regaló por mis buenas notas. Me dijo que era por mi esfuerzo y para celebrarlo juntos. La colección era de las primeras que se editaba en euskera para niños. Se llamaba “Nire lehen liburuak”(mis primeros libros) (y así lo fueron). En euskera y a todo color iban desfilando distintos elementos de la naturaleza y contaban una historia que no paraba de leer y leer, tan reales y humanos que se me parecían a los ojos. Uno a uno me atrapaban, me estiraban, me inspiraban para meditar, reflexionar, cambiar y mejorar tal y como hoy lo hace Orientalore y sus amigos animales con los niños y niñas que se asoman a conocer y experimentar su Mundo Imaginario.

Cuando años después realizo una labor de voluntariado en Cáritas en los primeros “Txantxangorris” (petirrojo) de atención a infancia y adolescencia, los regalaré a la biblioteca para que otros niños y niñas disfruten como yo lo hice de sus historias y personajes. Sólo me llevaré una frase, dentro de mi. Me llevaré conmigo la historia del fuego y dos páginas abiertas con una imagen de una casa ardiendo a la izquierda y otro imagen de un cohete saliendo hacia la luna entre aplausos a la derecha. En la mitad de las dos, una frase:

“Batzutan txalotzen naute, bestetan itzaltzen naute; ni, hala ere, su berbera naiz” (algunas veces me aplauden, otras veces, me apagan; yo, pese a todo, sigo siendo el mismo fuego).

Sin esa frase mi valentía los años siguientes se hubiese quedado en brasas, ceniza. La vida es sabia y sabe acompañarnos y hacer las cosas bien, siempre nos abastece de recursos, si sabemos verlos. Con esta frase dentro, el fuego de la libertad y la identidad personal, me va a ayudar a arriesgar, a creer, a permanecer y confiar en las intuiciones interiores venga o no de fuera el aplauso o reprobación. Yo me identifiqué aquí. Lo maravilloso es ver también como los niños hoy se siguen identificando con su animal, con sus personajes que escogen y no sólo se identifican con éste o áquel sino que sienten misteriosamente les ayudan y efectivamente así resulta.



“ORIENTALORE”: UN NOMBRE DE NIÑO

Pero ¿cómo surge el nombre de Orientalore?. Si ésto es una historia de niños desde el principio y espero hasta el final, será un niño, como hasta hoy, el protagonista. Años y años trabajando en diferentes plataformas, en distintas realidades, de muy diversas maneras, y en especial con las más heridas, y aún con mi sobrino Markel delante no era capaz de explicarle en el sofá de casa de mis padres qué era eso de orientar.

“Izeko (tía) -me dice- y ¿tú qué haces?”. Buena pregunta. Él muy curioso e intrigado me hizo pasar por todos los profesionales de la educación que tenía cercanos en ese momento: tutor, profesor de música, profesora de gimnasia, etc. pero no había manera de encajar a su izeko en nada de eso. Quise que incorporara la palabra “Orientadorea” (Orientador/a) y el niño hizo el resto. “Orientalorea?, a ver... Orientalorea... Ah ya sé tú haces crecer las flores y los niños” (lorea en euskera significa flor). Orientalore ya tenía nombre. Con el nombre las cosas comienzan a existir. ¡Qué mejor imagen que quien hace crecer naturalmente la vida y la natura para entender la ayuda al crecimiento en procesos de pequeños y grandes!. Tengo que reconocer que esa experiencia o las que vendrán después es lo que más me mueve al esfuerzo y trabajo constante, sea el que sea; lo que más me impulsa es disfrutar de esa...Magia.

Muchos años atrás ya había aprendido a sobrevivir y sonreír. Orientalore antes de que mi sobrino la pusiera ese nombre, ya había recorrido historias y tierras diferentes. Ella aún sin nacer y yo creciendo y mejorando vivimos en Zaragoza, en Valencia, en Granada, en Pamplona, en Barcelona. Conocimos Córdoba, Soria, Madrid, Galicia, Málaga, Almeria, Huelva, Sevilla, Gerona... y sus gentes, sus casas, sus barrios, sus colegios también de educación especial, de integración, asociaciones, plataformas educativas distintas, ONG y grandes educadores y profesionales y muchos y buenos amigos y amigas. Especialmente ví su infancia, la más herida, repartida y real por los diferentes lugares. Conocimos tanto que la urgencia de responder no sólo me llevó a la acción del día a día sino que aquel grito se quedó conmigo y decidí dedicarme a él, eligiendo esas primeras edades y centrar ahí mi trabajo, mi vida que se expresa así. A veces, dos cosas, que si lo miras con distancia, son una palabra: Vocación. Y a partir de ahí, libres, empiezan a ser lo mismo.

Decidí incorporar la idea de Orientalore a mi labor diaria de Orientación. Necesitaba de Arte. Y como toda mi vida, lo encontré en mi padre. Disfrutábamos de un taller en su casa que había llegado a la vida de mi familia con mucho sufrimiento. La Educación va a ras de tierra, a pie de barro de lo que ocurre en la sociedad. Las estafas inmobiliarias también alcanzaron a los míos y ese taller que se convitió en el lugar para el diseño de Orientalore llegó de un fraude muy bien protegido por la ley, impune e irresuelto como en muchas familias y situaciones que podemos conocer o estar viviendo en primera línea. Mi madre, por aquí, por allá, observando y facilitándolo todo, animándolo de forma imprescindible, como siempre.

Nos pusimos manos a la obra él ahora enfermo y yo llena de vida, la de tantos y tantas conmigo. Creamos la imagen inicial de Orientalore y un primer animal (Txantxangorri). Como hoy, cada animal y Orientalore también, tendrá su cuento, su baile y su canción. Cada animal tendrá su sentido, será una ayuda determinada para el niño y se integrarań todos en el Mundo Imaginario de Orientalore como amigos y ayudantes especiales. Todo va a ser especial, el carácter y personalidad de cada animal no va a coincidir con la lógica que podamos aplicar sino que van a sobrepasar y sorprender a nuestra razón, rozando esa verdad tan evidente que esconde la poesía de lo más auténticamente humano. Como escucharé varios años después, Orientalore es bella antropología y como he podido comprobar con la colaboración que he realizado con Tierra de Hombres es significativa también para otras culturas y niños diferentes. Orientalore nacerá como siempre del límite que se estira, de esa humanidad rota pero de pie, de la enfermedad y la fortaleza y del estudio y la formación tanto como de la creatividad humana y el arte.

Empecé con ese grupo de niños que cada día me pedían más Orientalore.  Lo que hoy llamo “Codificar”. La llené de animales, cada uno en su rincón preciso. Seguí rediseñando espacios, materiales, dinámicas, la propia presentación teatral de Orientalore a maś niños etc. Y cuajaba en todos los niños. Todos aceptaban con facilidad y entusiasmo este nuevo lenguaje de Orientación que les hacia protagonistas a él y ella y sus familias. A muy bajo coste y con recursos al alcance de la economia más austera Orientalore se puede ir creando. Hoy en el centro que llevo en Bilbao “Orientalore Etxea” este diseño sigue creciendo, enriqueciéndose, ensanchándose de día en día. Ya son treinta animales repartidos entre “Las puertas de la sabiduría”, “Espacios de la casa” y “Rincones de interioridad”. Una sencilla redistribución que he diseñado para dar lugar y dotar de mayor sentido a cada animal. El objetivo es hacer de los metros cuadrados una experiencia educativa, una arquitectura para el avance y el crecimiento. Y así, efectiva y afectiva, está resultando Orientalore.






DE “ORIENTALORE” A “ORIENTALORE ETXEA”: CUESTIÓN DE SINERGIAS

Normalmente las cosas se ponen en marcha por que se han acumulado los engranajes necesarios a lo largo de diferentes experiencias que nos hemos dejado vivir, por que han aparecido en el proceso muchos intentos fallidos de aparente fracaso y enorme aprendizaje y porque, finalmente, todo ese camino nos ha conducido al momento justo, en el lugar preciso, con la persona o personas adecuadas. Es el instante donde los interrogantes y búsquedas que persistentemente se han querido resolver se unen y empujan a la creación e invención de algo nuevo.

Ocurre en distintas ocasiones que los tiempos de la Administración no son tiempos de Innovacción. Los sistemas van más lentos, tardan más en reorganizarse y dar pasos adelante. Pero a las personas sí nos toca esa avanzadilla, sin grandes miras ni plumas doradas, nos toca arriesgar y apostar, creer en uno mismo y en lo que ofrece.

Montar el centro al inicio fue agotador. Sola y saltando al vacío en plena crisis organizo hasta el último detalle. El local es el resultado de la afirmación anterior: en el momento justo, la persona adecuada. Bultz-lan es una asesoria del Pais Vasco que forma nuevos empresarios y emprendedores y facilta el proceso de creación de esos nuevos proyectos. Conozco a un gran amigo: Kepa Rekakoetxea. Él escucha mi proyecto y apuesta desde el principio. De su mano me facilita la creación de “Orientalore Etxea” orientando en los trámites administrativos y ofreciendo la posibilidad de compartir sus locales para la puesta en marcha del centro. En los  dos años de colaboración Orientalore le debe su existencia y realidad  a esta Institución que creyó en el Diseño.

Aquel verano también volvieron a juntarse muchas cosas. Aita, además de su discapacidad y morfina diaria, le detectan un cáncer y pierde parte de su voz de cantante; resuelvo finalmente mi tesina en la Universidad de Deusto y me encamino a la Tesis y con esa convicción y fuerza que nos da el momento oportuno, decido inaugurar “Orientalore Etxea” ese 27 de Septiembre de 2010 rodeada de amigos y amigas, apoyos incondicionales y familia.



ORIENTALORE ETXEA: AFIRMANDO SU IDENTIDAD

Hoy Orientalore habita en mi casa. Y tras cinco años, compruebo, que he elegido el mejor lugar. Niños y familias llegan ya de todos los rincones con historias que atender y soltar después.

Lo vivido y las decisiones tomadas van configurando lo que el centro es y en lo que se va convirtiendo, su identidad, a la escucha de la vida, Vida con mayúsculas. Son una serie de convicciones que se concretarán en acciones y medios con un estilo propio de Orientalore Etxea. Recorriéndolas, va a enterderse mejor qué tipo de orientación es y no es, consigue diferenciarse de otros modelos y maneras de hacer y posibilita a quien se acerca conocerla de primera mano.

Orientalore Etxea no es un txiki-park (sitio recreativo para los niños en los grandes almacenes). No es una academia ni clases particulares. No es una de esas guarderias asistenciales y de aparque de los niños. No es un contrato de pago por servicios que está más al servicio de ese clientismo que del niño. No es un informe bien redactado o no, con cuatro pruebas clínicas, entrevista y firma y hasta la próxima. No son de 30 a 45 minutos de intervención específica a veces muy profesional y otras muy experta en vender humo y dependencia.

Orientalore etxea no participa de una visión cerrada, elitista, egocéntrica, desvalida del ser humano y la sociedad actual que mira para el otro lado desatendiendo lo que juntos construimos cada día. La acción es una labor conjunta. En cada una de las decisiones que se toman media la solidaridad, el compartir, la amplitud de miras, el respeto, la cesión, el diálogo entre niños, familias y agentes diversos. Se aprende a ser desde la apuesta por ser. Y eso queda reflejado en cada paso y opción tomada persona a persona.

Orientalore Etxea con el aporte de todos y todas, los máximos posibles, busca el avance integral del niño. Es un instrumento para el crecimiento del niño y su entorno (casa, escuela, iguales, familia), a su ritmo, con su lenguaje y escuchando como se expresa y qué quiere y necesita.


Cree en un diagnóstico clínico bien hecho que es un estudio completo del niño inicial y  mes a mes en todos sus aspectos y sabiendo medir e interpretar no sólo resultados sino la ingeniosa y lógica explicación de su conjunto, ecólogica y de foco ampliado, más difícil de ver en la obsesión por las puntuaciones y los baremos, pero que pide una exigencia y rigurosidad que presupone el estudio no sólo de manuales sino libros y artículos que los complementan y desarrollan. Se descubre la armonia que todo mantiene, las relaciones que se establecen en diferentes puntos, el sentido que todo guarda y nos hace asombrarnos y agrandarse nuestras pupilas ya ante lo evidente que antes parecía tan confuso y ahora tan cielo, delante de nosotros, claro y despejado.

Una aventura apasionante que puede doler, el dolor no se evita para complacer a los sentidos, pues en esta historia que ahora vemos, todos hemos estado presentes; pero nunca daña, libera y engrandece, saca de la niebla y lleva a respirar con los propios pulmones, a campo a abierto,iguales y acompañados.

Ahí empieza todo de nuevo, diferentes y comprometidos en el regalo de convivir y aprender a cada minuto que es lo que buscamos cuando nos vienen los problemas. Llegar a una solución que nazca, y que alguien nos ayuda a despertar, nuestros verdaderos recursos. La ayuda de malabarista girará en escuchar y poner todo lo que se tiene en juego en el aire, cada aspecto de la vida, para que lo que deba surgir o aparecer en ese baile, acontezca; o llegado el momento, esa energía se traspase y repose segura en las manos de quien ya puede hacerse cargo de ella.

Diagnóstico e intervención se dan a la vez. No se esperan. El tiempo es precioso. Trabajo individual, grupal, exhaustivo, investigación en la accion, integrado en el proceso. Las ocho horas al mes que le niño está en Orientalore se diagnóstica y se interviene permanentemente y muchos son los que pueden observar, hacer, ayudar. Lo importante es que alguien sepa dirigir la orquesta, intuya la melodía que se se necesita tocar y afine los instrumentos tan apropiados que ya existen y la vida los unió en familia para que cada uno resuelva su parte en la armonía.

La visión de la realidad es compartida, la acción es conjunta y los pasos son de todos. Así el camino siempre es un proceso de avance. Por algún rincón, alguna tecla, alguna nota será acertada y a mayor acierto mayor el cambio. Ocurrirá a veces que la más mínima variación de frecuencias ya habrá modificado para siempre cualquier partitura desenfocada. En Orientalore Etxea ninguno sabemos medir el valor de lo insignificante ni la grandeza de lo pequeño. Ciencia y Arte siempre unidos; lo planificado y medido junto con lo que llamamos imprevisto y casualidad nosotros y no es más que aquello que ha sido calculado magníficamente por la vida.

La comunicación es otro pilar básico de Orientalore Etxea. Una comunicación abierta, sin etiquetas ni modelos de perfección que limiten la realidad de los niños y familias. Así es también en el centro y su gestión como sistema que dedica tiempo y recursos a crear red y comunidad. Apostamos por la relación presencial tanto como la que nos ofrecen los espacios donde se desarrolla la experiencia 2.0 y no se mide oportunidades ni ocasiones para desarrollar esta relación y ayuda auténtica y permanente (google talk, skype, whatsup, email, mensajes, twitter, blogs etc.).

Lo que distingue el diseño de Orientalore es es el lenguaje comun, afectivo y efectivo, compartido, que los niños adquieren con ilusión, cariño y sentido. La familia y resto de profesionales resultan contagiados de forma natural, espontanea, en una comunicación motivadora y cercana. Es un lenguaje de orientación basado en el personaje imaginario de Orientalore y sus 30 amigos animales y ayudantes que recogen una amplia gama de dimensiones y situaciones del niño. El niño es el principal protagonista de sus avances y mejoras. Orientalore crece en la medida en que, de forma casi unica e irrepetible, es reinventada y enriquecida por la interioridad del niño y su inteligencia.

En el camino de aprendizaje, el mío, año tras año, iba planteándome una serie de preguntas que ahora son criterios y convicciones del Centro: ¿se puede dar un verdadero aprendizaje descontextualizado de la escuela? ¿Se da un avance en el niño independiente del progreso y crecimiento de sus padres? ¿Sólo actuando e interviniendo en las tareas escolares se produce el cambio? ¿Sólo con técnicas específicas y dirigidas al niño supera sus dificultades? ¿Se pueden producir pasos hacia delante sin la mejora del clima escolar? ¿Es todo medible por la pediatría y la neurología? ¿qué lugar ocupa lo emocional en el abanico de problemas que vemos en los niños? ¿y lo espiritual?.

Orientalore Etxea va contestar con sus dinámicas. Para ello se pondrán en marcha varias actividades, diferentes estrategias para la creación de hábitos, rutinas y estructuras en el niño: la secuencia de trabajo en el centro desde que los peques entran por la puerta que le ofrece día a día seguridad, autonomía, autoestima, previsión y posibilidad de creatividad e improvisación; la división de espacios y reorganización de los mismo para hacer de cada rincón una arquitectura educativa (las puertas de la sabiduría, rincones de interioridad, lugares de la casa y la naturaleza; la conexión de los diferentes ámbitos en la vida cotidiana del niño a través de Orientalore Jokua (El Juego de Orientalore); la creación y puesta en práctica de diferentes fichas, plantillas que promueven la autonomía del niño; la planificación de materiales y recursos didácticos que se codifican e integran en el mundo de Orientalore y diferentes actividades dirigidas a las necesidades de cada niño donde lo emocional y espiritual está como eje de avance y crecimiento.





CONCLUSIÓN

Hace unos meses me encontraba a mi misma dando clases en Mondragon Unibertsitatea sobre Pensamiento Pedagógico analizando, con el grupo de alumnos y alumnas y el Equipo de profesores de la materia, la vida y trabajo de estos iniciadores en una educación alternativa, mejorada y respondiendo cada uno a los desafíos de su época y lugar.

No llegué allí por casualidad. Mis cajones de casa están llenos de proyectos sobre innovación, sobre nuevas maneras de orientación e intervención en las dificultades de aprendizaje y otro tipo de problemas a resolver y superar por el niño y su entorno, y un cajón muy especial dedicado a esa inteligencia que ha acompañado mi vida desde que nací y que sigo desarrollando y trabajando para que crezca y acompañe siempre el crecimiento. Por aquí y por allá se han ido quedando proyectos, ideas, repartidos y generando más vida.

No fue por casusalidad que al mismo tiempo se me ofreciera impartir la materia on line sobre dificultades de aprendizaje e intervención psicopedagógica, ni más tarde el mimo que estamos poniendo a otra asignatura sobre cuidado de uno mismo integrando la inteligencia emocional y espiritual en la programación de estos meses. En aquel cajón especial diseñé un itinerario de formación para jóvenes sobre este tema. Nada estaba siendo por casualidad.

Nada de lo que sigue aconteciendo en Orientalore es casualidad. El esfuerzo es la mejor recompensa y ya son un gran grupo de niños los que han salido a volar alto desde que se creó ahí continúan ya sus vidas sólos, más ellos y ellas y felices ellos y sus familias.

Por tanto, y a modo de conclusión diría, siguiendo estas pistas que el aquí y ahora me está ofreciendo, que si en algo la Educación debería seguir perdiendo sus horas será, con más intensidad si cabe, en recuperar estos innovadores y innovadoras contemporáneos re-descubriendo sus pasos y movimientos, sus resistencias y pasos inciertos, su experiencia vital y profesional siempre tan unida y su empeño por crear novedad por miles de caminos mucho más lentos y humildes que las modas pero más permanentes y capaces de hacerse vida en tantos anónimos y anónimas, innovadores y innovadoras del día a día.

Quizás entenderíamos que la Educación no nace de la seguridad y el conformismo, ni de los papeles o el consumismo de charlas y conferencias. La Educación que nos han legado estos Maestros y Maestras de lo cotidiano nace de una apuesta personal y en grupo por un trabajo constante y esforzado de formación en cada uno de sus aspectos y dimensiones, lectura, reflexión, análisis, investigación y acción permanente desde el terreno más sencillo y escondido, comprometido y desinteresado de futuros y recompensas varias.

El valor de la Educación es un valor en si mismo, quizás así todas nuestras energías se dirigirán en conseguir lo verdaderamente importante y que ya al escucharlo llega a rozar la literatura fantástica y poética a nuestros oídos tan acostumbrados a otros objetivos operativos y medibles: la felicidad de uno mismo, del Mundo y del niño o niña que se nos acerca.

Nunca se llega tarde a la historia de la vida pero sí podemos llegar a tiempo, al tiempo donde se fue un niño, donde se tuvieron 4, 5, 6 años y todo estaba por descubrir, por aprender, por emocionarnos y llenarnos de brillo y entusiasmo. Siempre es posible un antes para la prevención de causas y situaciones y el enriquecimiento de experiencias de aprendizaje y crecimiento.

Es ahí, en ese preciso y precioso momento donde la Educación debe dirigir su especial acento, todo su mimo y acierto, la preferencial dedicación de tiempos y espacios para acompañar esos descubrimientos en el niño, base de pasos fundamentales en la adquisición de herramientas como es lenguaje en sus expresiones y manifestaciones posibles. Lenguaje que será después todo ámbito del saber , en ese asomarse del niño seguro y competente al conocimiento de si mismo y del Mundo.

De esos desafíos, en la búsqueda de respuestas a esos interrogantes, experiencias y dudas que se vienen con nosotros fuera de las aulas, nace Orientalore. Vivir esas experiencias cercanas al fracaso y los procesos rotos cerca del mundo laboral o la difícil inserción social, en las esquinas de alguna cárcel o el ropero donde acude alguna digna persona sin techo, en las puertas de una casa de acogida a la mujer que necesita de muy poco y ha sido vaciada de tanto, en el comedor de quien llega con muchos sueños y detrás trae sus hijos y familia, en TODO ESO, ya estaba Orientalore.

Cada historia, como educadores, nos enseña empatía y comprensión ante el esfuerzo que se ha realizado y lo que nos queda aún por hacer y trabajar por la infancia, por los derechos del niño, su bienestar material y no material a lo largo de esos primeros años de vida que serán el éxito o el fracaso seguro a vencer y vencerá, por lo caminos que decida, en su vida adulta.

Los caminos de crecimiento de Orientalore Etxea y los míos propios siguen. Tengo por delante: una tesis sobre los Derechos de la Infancia en los niños en la UPV que me abrió sus puertas; un grupo de gente de diferentes universidades y plataformas, serio y muy amigo que nos reunimos para hablar de nuestros proyectos, de la espiritualidad y la ciencia y nos exigimos ir más allá de modas y negocios; un equipo clínico que año tras año nos entusiasma cada tema que trabajamos y cada mimo que ponemos en las respuestas que buscamos para niños y familias. En este tiempo sigo dejándome sentir nuevos caminos como siempre desde lo que tengo y lo que soy y dándolo todo sin reserva, sin dependencias, con la libertad de ayudar como cada uno y cada una merece ser ayudado; en breve redactaré los cuentos y recopilaré las canciones y los bailes y ...el diseño continúa y los niños y sus necesidades estiran cada día lo que Orientalore puede ofrecer.

Ahora Orientalore está sirvieron en directo a los pies de un cole entre montañas como un dia soñé y esa nariz roja de payaso que no comprendi cuando me llegó me lleva hoy a estar junto a los niños y familias con cáncer.
Porque La Vida sigue hablando y la respuesta es personalisima. Ahora mi madre ya sabe que es un cancer de mama y mi padre vive una demencia frontotemporal. Esa misma Vida me hace más profesional y persona. Me lleva a investigar más, a abrir más la mirada y el corazón e interesarme por lo mejor dia a dia entre libros y vivenciaa llenas de esfuerzo y gratuidad.

¿Una mujer amante de la Ciencia puede decir que Cree en lo Magnifico de la Vida?. Yo. Si. Y sigo el camino, sencillamente. Creyendo en su nombre: Orientalore.

Todos los días desde que empezó Orientalore Etxea, hundiendo las raíces en estas experiencias y en estos sueños, pone en marcha un diseño propio de orientación e intervención psicopedagógica con cada niño y familia que se acerca y participa. Crea una arquitectura, un lenguaje o lenguajes diferentes, un esquema de trabajo y secuencias de aprendizaje, entre el arte y la ciencia, … en definitiva, un Malabarismo Educativo donde todas las necesidades posibles entran en juego al servicio del niño. Y así día a día.

Él o ella, niño y niña que llama feliz, curioso, solo o de la mano, desconfiado y receloso, o herido y asustado escapándose por las escaleras, entra, simplemente mira y viendo mucho más seguramente que todos nosotros, se queda.

Ahí ya empieza la Magia. Y yo termino y me despido con un poema que escribí hace años ¡quién lo diría ahora cuando lo leo y miro Orientalore Etxea! .

Mil gracias. Seguro nos veremos. Mientras, déjate por la vida, día a día …


...DÉJATE EMOCIONAR


No quieras pesar mis palabras en la balanza de los minerales
ni experimentar con los sueños en tus probetas de cristal

No pretendas medir los versos con números perfectos y
signos razonados,
de tus manos se escapan a otro mundo, a otra realidad.


¡Y si esto y mucho más es lo que estás mirando!……..


Si no sabes hacer guiños, creerte otro y sentirlo, improvisar,
vestirte de fiesta, jugar con los niños,
a fondo perdido Amar…

Se encenderá el teatro. Se descubrirán los trucos. Se romperá el fino hilo musical.
Se apagarán los focos. Se extinguirán las luces.
Butacas vacías, sin invitados,
tras los títulos finales de la artística casualidad.

¡Tontería mía buscada, pretendida y querida!:

¡¡¡Vive en alto. Vive corazón. Vive libertad!!!


Y La magia volverá de nuevo al cuadro, pulida ya la partitura.


Simplemente, tú,
apasionado

Déjate emocionar.


Iratxe Molinuevo